El mundo, tal como lo ve, no es feo, y sin embargo le falta algo, un toque capaz de avivar su cotidianidad. Un día Ernesto encuentra a Laura y delante de sus ojos se abrirá un mundo hasta ese momento desconocido.
Dos temas conocidos, como el descubrimiento de los colores y del amor, explicados con gracia e ilustrados con una técnica que mezcla dibujo y fotografía con gran armonía sirven para ofrecer una innovadora propuesta estética.
La estructura del libro se mueve alrededor de dobles páginas que buscan su equilibrio en una composición a menudo especular, donde los actos repetidos cotidianamente adquieren un significado simbólico. Así, por ejemplo, cada mañana Ernesto empieza su día mezclando el blanco de la leche y el negro del café.